La ternera, novela de Aurora Freijo Corbeira: Alguien tenía que escribirla

La ternera es una de las novelas más potentes que he leído en mi vida. Es un libro difícil, pero no por complicado, sino por su intensidad. Este libro no solamente nos habla de uno de los problemas más graves que se viven hoy en día; también nos señala aquello que nosotros estamos aportando para que el problema no deje de existir.

Se trata de la primera novela de la filósofa y escritora española Aurora Freijo Corbeira. Fue publicada por la editorial Anagrama el 20 de enero de 2021. Aurora Freijo Corbeira es profesora de filosofía en el CIEM Federico Moreno Torroba y fundadora de la editorial Las migas de pan también son pan.

Antes de contarte de qué va el argumento de La Ternera, me gustaría explicarte un poco sobre la manera en que está escrita la novela. El estilo de la narración, que está en el límite entre la prosa y la poesía, me pareció tan peculiar que tuve que pasar un buen rato analizándolo. Esto fue lo que descubrí:

Cómo está escrita La ternera

Lo primero que me llamó la atención de este libro fue lo extraño de su prosa. No es que sea un libro experimental o que parezca muy aventurado; por el contrario: su escritura es sencilla, accesible, aunque al mismo tiempo en la prosa hay algo que no se siente del todo correcto. Al principio me fue difícil señalar qué era, pero al leer el libro no podía evadir la sensación de que algo estaba fuera de lugar.

LA BESTIA

Ahora es sin remedio una bestia de una carga invisible, ahora en cambio monstruo de un bestiario infantil.
¿Harán sus huesos raíces allí? De momento solo respira porque no puede dejar de hacerlo; hace un esfuerzo infinito para que no duela.
¿Qué sonido te envuelve los oídos que no oyes cerrarse esa puerta?
No me leas más poemas, madre.
Nos ensordecen.
Escucha: él siempre me anda buscando.
Si no reaccionas, no vas a poder rescatarme ya.

Después de analizarlo con detenimiento, me fijé que hay ciertas técnicas que la escritora usa muy bien para causar este efecto:

En primer lugar, todo el libro está escrito con oraciones breves, lentas y llenas de pausas. Como muestra la cita de arriba, muchos párrafos ni siquiera llenan un renglón. Al hacer esto, la autora está introduciendo el silencio como un recurso dentro de su novela; hace que La ternera se lea como un silencio atravesado de recuerdos dolorosos. Además, las pausas y el ritmo lento de la prosa causan la impresión de que la novela estuviera narrada en voz baja, a modo de confesión, lo cual tiene sentido porque es justamente eso lo que parece estar haciendo la narradora.

Visualmente el libro tiene varias características (los párrafos de una sola línea, lo corto de los capítulos; el hecho de que cada capítulo tenga título pero no número…) que hacen que la novela luzca a menudo como una antología de poemas. Esto, junto con las pausas mencionadas arriba, son pistas visuales que hacen pensar que estás a punto de leer poesía, pero ocurre algo distinto:

La autora utiliza el silencio como un recurso en su novela

Análisis del estilo

Tomemos el siguiente párrafo como ejemplo:

No me leas más poemas, madre.

Si analizamos este párrafo como si fuera un verso, podemos ver que consta de 10 sílabas, es decir, se trataría de un decasílabo. Este tipo de verso es escaso en la poesía en español, pero lo que lo hace aún más extraño es su esquema de acentuación: tónica-átona-tónica-átona-tónica-átona…, es decir, se trataría de un verso trocaico.

No voy a mentir: casi no conozco versos decasílabos en la poesía en español, pero los ejemplos que encontré en Internet tienen una estructura métrica dactílica: átona-átona-tónica, átona-átona-tónica… Cuando tratamos de leer este párrafo como si fuera un verso, su estructura hace que suene raro, pues es distinto a lo que nuestros oídos hispánicos entienden como poesía.

Pero hay algo más:

Si tomáramos el mismo párrafo,

No me leas más poemas, madre,

y lo modificáramos solo un poquito, para transformarlo en:

No me leas más poemas, ma,

ocurrirían varias cosas:

  • En primer lugar, el último acento del verso caería en su sílaba final, es decir, se convertiría en un verso agudo. Para la métrica del español, los versos agudos se cuentan como si tuvieran una sílaba extra, por lo que este «verso» pasaría de ser un decasílabo a un endecasílabo, que es uno de los versos más clásicos de la poesía en lengua española
  • En segundo lugar, sus últimas tres sílabas pasarían de ser trocaicas a dactílicas (átona-átona-tónica). Esto haría que, al menos en la parte final, su sonido fuera mucho más cercano a lo que entendemos como un verso
  • Además, esta modificación haría que la última parte del verso se escuchara más fluida. No sé exactamente por qué, pero me parece claro que entre poemas y madre se hace una pausa más larga que entre poemas y mamá. Si tú sabes a qué se debe esto, por favor explícamelo en los comentarios
  • Por último, la palabra «mamá» parece mucho más adecuada que «madre», pues se acerca más a la manera en la que suelen hablar los niños

¿Qué nos dice el estilo de La ternera?

Sin embargo, creo que la modificación que propongo no mejoraría, sino que empeoraría el párrafo que estamos analizando. La ternera no está escrita en verso, sino en prosa, pero es una prosa que tanto a nivel visual como a nivel auditivo todo el tiempo mantiene una tensión entre esa expectativa de que nos suene como poesía, y su ejecución, totalmente en prosa.

(Sí: es una prosa poética, sin duda; pero una de las características que más destacan es que juega en contra de las convenciones habituales de la métrica).

La novela juega en contra de la métrica convencional

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Tal como aparece originalmente, el párrafo es más adecuado al contenido del libro, pues su longitud, ritmo y cadencia expresan mejor la sensación de que a la narradora le está costando trabajo hablar, se está sintiendo incómoda de hacerlo, mientras que la elección de la palabra madre en lugar de mamá nos muestra más claramente que existe un alejamiento emocional entre la madre y la hija. Y es que tanto esa incomodidad como el alejamiento emocional son dos de los temas que corren a lo largo de la novela.

Ahora: pienso que este efecto de incomodidad podría jugarle muy en contra a muchas narraciones. Sin embargo, en La ternera funciona muy bien, y esto se debe a dos cosas. En primera, el texto está cargado de emociones muy intensas, es difícil reprocharle la forma a un texto cuyo contenido es tan potente. En segunda, esa extrañeza estética que te provoca como lector es un reflejo de la extrañeza que está sintiendo la protagonista durante toda la novela.

¿De qué trata entonces La ternera?

La ternera es una novela sobre una niña de 5 años que está sufriendo abuso sexual por parte de un vecino suyo y tratando de explicarse a sí misma lo que le está sucediendo.

Corre a lo largo de la novela una ambigüedad dolorosa: te hace sentir simpatía por quienes le están destruyendo la vida

Esto pasa mientras, a su alrededor, todos los adultos que podrían rescatarla están distraídos, ocupados; o simplemente no quieren investigar y afrontar la realidad de lo que está ocurriendo. Entonces, ella tiene que lidiar sola con todo el peso de la situación, lo que la lleva a aislarse cada vez más y mas en su propio mundo interior, en el que solo cuenta con sus propios conceptos infantiles para intentar comprender eso que ni siquiera sabe si es una parte normal de la niñez o no.

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Por esto mismo corre a lo largo de toda la novela una ambigüedad muy dolorosa: este libro te obliga a sentir compasión por la protagonista; pero al mismo tiempo su narración, que nos cuenta sus pensamientos y emociones infantiles y llenos de inocencia, te hace imposible como lector no sentir cierta simpatía hacia toda la gente que voluntaria o involuntariamente le está destruyendo la vida. Y esa es una visión aterradora de uno mismo.

Otra de las cosas aterradoras de contiene este libro es el abusador de la Ternera. Este personaje tampoco es descrito como un adulto malicioso, sino más bien como un muchacho joven; alguien descuidado por sus padres y poseído por esa imprudencia tan característica de los adolescentes. Esta idea —que como muchas otras en la novela no se plantea abiertamente, sino que se insinúa con sutileza brutal— nos pone sobre la mesa un cuestionamiento que creo que nuestra época está haciendo todo lo posible por evitar:

No hay duda de que lo que está haciendo este chico está indiscutiblemente mal, pero ¿cómo fue que llegamos hasta aquí?

Una escultura de una joven con cara de distraída a la que le colocaron un celular en la mano
Foto: Denise Duplinski en Pexels

¿Para qué sirve la literatura en nuestros días?
¿Para qué sirve el arte en general?

No son muchas las veces que uno agarra un libro entre sus manos y piensa «Vaya, esto es realmente importante»… Pues bien: yo pienso que este libro es muy importante por muchas razones distintas.

La historia de La ternera no es una historia poco familiar para nosotros, los humanos del Siglo XXI. Es, por el contrario, una historia a la que ya estamos tan acostumbrados que ya hasta nos acostumbramos a ignorarla.

¿Por qué seguimos ignorando esta situación?

Tal vez la ignoramos porque es demasiado horrible como para detenernos a pensar en la magnitud del problema; quizá porque las cifras son tan desproporcionadamente altas que, al igual que la lectura de poemas ensordece a la madre de la protagonista; el tanto escuchar esos gigantescos números en la televisión o leerlos en la pantalla de nuestros celulares nos ha insensibilizado a nosotros. O tal vez sea porque la seriedad del problema nos invita a cerrar los ojos y taparnos los oídos, como lo hace la otra madre, la madre del vecino: una mujer «como debía ser una madre»: «el Ama de la Casa. Por eso decide y manda. También lo que quiere oír», aún cuando lo más abominable se esté llevando a cabo bajo su propio techo.

Una niña sentada en la puerta de una casa llorando sola como La ternera
Foto: Pixabay en Pexels

La ternera es la crónica de una vida inocente destruida por ¿la maldad? ¿La imprudencia asesina?, de un verdugo joven, y claro (¿más aún, quizás?): por la casi involuntaria complicidad de todos los que los rodean.

La ternera es la punta del Iceberg

Parece evidente que en este momento histórico ni siquiera la enorme abundancia de testimonios reales que todos los días inundan las redes sociales están siendo suficientes para despertarnos de nuestro letargo cómplice: para que (¡cuando menos!) pongamos atención a la horrible realidad que nos rodea por todos lados.

La ternera es un libro incomodísimo, difícil de leer por su brutalidad emocional, pero justamente ahí radica su valor artístico y literario: en forzarnos a percibir la historia desde la perspectiva de una pequeña que silenciosamente está pidiendo auxilio sin poder ser comprendida; una víctima a la que nosotros, los lectores —los únicos que sí podemos escuchar ese llamado— tampoco podemos ayudar de ninguna manera, aunque quisiéramos.

La ternera te ayuda a entender el sufrimiento de las víctimas de abuso sexual

Me gusta de este libro que te ayuda a entender el sufrimiento de las víctimas de abuso sexual. Y seamos claros: lo que le pasa a la protagonista de esta novela es un caso relativamente leve comparado con lo que se sabe sobre las redes de tráfico de menores y pornografía infantil.

No estoy tratando de faltarle al respeto a nadie aquí. Mi punto es que si el desgarrador relato de La ternera te llegó al corazón, si despertó algo en ti que está buscando justicia, tienes que tener en mente que la realidad es mucho más horripilante de lo que esta novela puede mostrar. No lo olvides.

¿Qué vamos a hacer para cambiar la realidad?

En un mundo en el que fuimos introducidos a los temas sobre sexo de la peor manera posible: a través de la pornificación de la televisión pública y la publicidad, en el que la adicción a la pornografía en la pubertad ya no es una rareza sino casi una norma, en el que cada vez cobran más relevancia los movimientos que buscan normalizar la pederastia, y en el que gente con mucho poder político, económico e incluso religioso está haciendo todo lo posible para continuar regocijándose con estos imperdonables actos mientras mantienen a la gente ignorante o escéptica del tema, era imperativo que alguien escribiera este libro.

Esta es la función que todavía puede cumplir el arte en nuestros días, y tal vez de momento el arte mejor que cualquier otra cosa: mostrarnos lo que nadie quiere ver. Abrirnos los ojos a la fuerza y dejarnos contemplando el abismo cara a cara. Incomodar al mayor de todos los tiranos: el tirano que cada uno lleva dentro, pero no a través de las demostraciones gratuitas de estupidez a las que ya nos tiene acostumbrados el showbusiness, sino a través de presentarnos espejos que acentúen nuestros rasgos menos agraciados. Interrumpir la diversión por un momento y ponernos a pensar.

Esta es la función que puede cumplir el arte en nuestros días: mostrarnos lo que nadie quiere ver.

Una niña con expresión de aburrimiento y tristeza junto a unas pantallas de TV con videojuegos
Un tema que he estado pensando muy frecuentemente en los últimos meses es ¿por qué casi todas las series populares presentan al menos una escena gratuita de sexo?
Imagen: Cottonbro en Pexels

Alguien tenía que escribir este libro: era una necesidad que, sin saberlo, teníamos hace tiempo. Y ahora que ya está escrito, muchos tienen que leerlo: alguien tiene que hacerlo masivo.

Ayuda tú a hacerlo masivo

Portada del libro La ternera, de Aurora Freijo Corbeira
Imagen de portada de la primera edición de la novela

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About Author /

Escribo principalmente artículos sobre literatura y cultura escrita. Me apasiona el autoaprendizaje. En 2019 autopubliqué una novela corta titulada A la vuelta de la esquina.

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